Un pueblo Colombino

En los siglos XVI y XVII, el gran proyecto económico de España se centraba en “La Carrera de Indias”,

en la que Villafranca de la Marisma y Los Palacios jugaron un papel muy importante que lo diferencia de otros lugares.

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Origen de Los Palacios

Origen de Los Palacios

La historia de Los Palacios se remonta hasta la época tartésica, donde la zona era denominada Searo y existía un pequeño núcleo de población junto al lago, siendo después rebautizada por los romanos como Searu o Searotinus y, en otra época posterior Sarracatino, nombre con el que se conoce a un cortijo de la localidad.

Estos lugares asentados a orillas de las Marismas, colmados entonces de caños, pantanos  y lagunas, guardan una antiquísima vieja tradición como hábitat de civilizaciones. En todas las épocas de la antigüedad contó con asentamientos, aunque la conformación de un núcleo y sociedad no está documentado que se produjese de modo organizado hasta el siglo XIV. Se han hallado en nuestro actual término municipal interesantes muestras de material arqueológico correspondiente a diversas culturas.

Del pasado árabe hablan las monedas y restos cerámicos encontrados. Diversos geógrafos de la antigüedad relacionaron nuestros enclaves con el topónimo de Almudeyne, ubicado por ellos entre Dos Hermanas y Las Alcantarillas. Desde tiempo inmemorial cruza nuestro emplazamiento una importantísima vía de comunicación que conduce hasta los puertos de Cádiz, trascendental para el desarrollo y fomento del comercio agropecuario. En la época de dominación romana, este viario fue conocido como la Vía Augusta. En época romana, sabemos por Plinio que en nuestro término municipal confluían territorios de varios municipios romanos como Caura (Coria del Río), Orippo (Dos Hermanas), Cumbaria (Las Cabezas de San Juan) y Siarum.
A este último municipio romano pertenecían, al parecer, varias villas agrícolas romanas ubicadas cerca del cortijo de Los Villares, y su antigua laguna, así como el actual poblado de colonización de Maribañez. Las inscripciones latinas escritas en mármoles y piedras aparecidas en campos de nuestra localidad nos hacen pensar que Siarum ocupó más espacio territorial en nuestro término que los demás municipios romanos.

Sin embargo, en el caso de las monedas, también cohabitan nuestro subsuelo las acuñadas en las demás villas romanas del entorno. Es sabido que sobre las estructuras de explotaciones agrícolas implantadas por los árabes, con sus alquerías, y los romanos, en sus villas, surgieron ya posteriormente nuestros cortijos y haciendas de labor.

Después del ciclo romano, estas tierras acogieron asentamientos humanos del periodo cristiano como lo demuestran los diferentes vestigios arqueológicos que han aflorado especialmente por los campos de La Noria, hoy expuestos en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Los Palacios del Atalayuela del Huelamo

Las primeras noticias sobre Los Palacios se remontan al reinado del rey don Pedro I (2ª mitad del siglo XIV). El entonces alcaide del Real Alcázar de Sevilla, don Gonzalo Núñez de Medina, era el propietario de una heredad situada a los pies de la Marisma, conocida como Atalayuela. Existían unos palacios (como una especie de pabellones) ubicados en aquel terreno elevado de la Atalayuela que eran empleados en las cacerías del rey don Pedro. Está documentada la existencia de los “Palaçios que llaman del Atalayuela” en el año 1371, tal como recoge el privilegio real concedido por Enrique II a Fernán González de Medina, hijo del ya mencionado Gonzalo Núñez. A este señor se le concedió la facultad de poder poblarlo con cincuenta vecinos. Es en 1374 (Era de 1412) cuando se establecen diversas condiciones pobladoras en el “Privilegio de franqueça”.

Este documento establece la construcción de los edificios más importantes del incipiente núcleo poblacional, como el templo parroquial, algunos lagares para el almacenamiento del vino y la preceptiva carnicería pública. Fernán González fue señor de “Los Palacios de la Atalayuela del Huelamo” hasta que después de fallecer pasó este lugar a quedar dividido en dos partes que se repartieron entre sus hijas Beatriz y Teresa (en 1423, la primera legó su parte a su hijo Pedro Barba).

Los Palacios, lugar de señorío de los Ponce de León

La compra de este lugar por la familia Ponce de León se produjo entre 1427 y 1432, pues cada una de las herederas vendió su correspondiente mitad del lugar a don Pedro Ponce de León, V señor de Marchena. Con la adquisición de este lugar estratégico, los Ponce de León satisfacían aspiraciones de dominio territorial con el fin de ostentar por estos lares primacía sobre los Medina-Sidonia. A finales del siglo XV, los Reyes católicos retuvieron momentáneamente el castillo de Los Palacios debido a los conflictos que dirimían ambos estados señoriales y no lo devolvió a los Ponce de León hasta que no cesaron las disputas. En 1450, se tiene noticias de las obras que ordenó practicar don Pedro Ponce de León en la Iglesia que se conocía con el nombre de Santa María de la Blanca. Es prácticamente la primera referencia documental que alude la singular advocación a la que se dedicaría la iglesia del pueblo.

Desde aquella fecha del siglo XV y hasta el siglo XIX, Los Palacios quedó durante cuatro siglos ligado al dominio señorial de los Duques de Arcos. Es ya bien entrado el siglo XIX, cuando los señoríos terminarían siendo derogados por las disposiciones de los distintos gobiernos liberales del momento que materializaron distintos procesos de desamortización y confiscación de jurisdicciones y bienes señoriales.

América y Los Palacios

La Carrera de Indias era un negocio colonial consistente en el mercadeo de géneros de España hacia Hispanoamérica; aunque también en sentido opuesto, importándose muchas piezas de gran valor: no solamente de oro si no de productos alimenticios de todo tipo.

Para que nos situemos, en esos momentos Sevilla era el puerto de España que tenía el monopolio para ese comercio colonial y por tanto, todo su perímetro estaría en continuo crecimiento por las aportaciones que todo ello conllevaría: tanto económicas como agroalimentarias.

Como Los Palacios era una de las zonas más reconocidas de Andalucía por su gran fertilidad y se encontraba en el paso de salida a la Carrera de Indias, tenia una función muy importante: la de aportar todo el género posible para ese comercio colonial.
Y esto tiene una explicación.

Como todo el trámite burocrático se hacía en la Casa de Contratación en Sevilla y el río Guadalquivir tenía muy poco caudal para que las Naos fueran cargadas hasta Sanlúcar, para que no encallasen durante el recorrido, lo que se acostumbraba a hacer era que estuviesen ya las embarcaciones esperando en los puertos gaditanos.

Naos, Carrera de Indias

Mientras que, desde Sevilla y una vez cumplimentado todo el trámite, la gente que iba a embarcar en ellas: mercaderes, frailes, viajantes, marineros, etc., se encaminaba a pie hacia allí.

Se sabe que existían dos travesías paralelas al eje fluvial del Guadalquivir: una, era el camino a Cádiz por Utrera, mucho más seguro en invierno puesto que no se inundaba; y la otra, era el camino por la Marisma, pasando por esta localidad y en el que sí que se producían algunas inundaciones.
Así, a la hora de organizar y realizar estos viajes (que se hacían dos veces al año) se escogía el camino que estuviera en mejores condiciones en ese momento.

Los Palacios y Villafranca, de esta forma y gracias a su situación estratégica, se convertirá en un núcleo importante a la hora de recoger ese trasiego de personas y productos que van y vienen de los viajes a las Américas, haciendo que se adquiera una vocación americanista muy arraigada.

De ahí, que Andrés Bernáldez (conocido como “el cura de los Palacios”) y asentado en la localidad, recibiese como huésped en su casa al mismísimo Cristóbal Colón a la vuelta de su segundo viaje a las Américas, hecho que el propio Andrés recoge en su libro “Memorias del Reinado de los Reyes Católicos”.

Traía al Caonaboa e a un su hermano de fasta treinta e cinco años, a quien puso por nonbre don Diego, e a un moçuelo sobrino suyo, fijo de otro hermano. E murióse el Caonaboa en la mar, o de dolencia o de poco plazer. Traia un collar el dicho don Diego, hermano del Caonaboa, de oro, que le fazía el almirante poner cuando entrava por las cibdades o logares, fecho a eslabones de cadena, que pesava seiscientos castellanos; el cual yo ví e tomé en mis manos, e tuve por huéspedes en mi casa al obispo don Juan de Fonseca e al almirante e al dicho don Diego. Truxo el almirante estonces muchas cosas de allá, de las del uso de los indios(…)

Andrés Bernáldez

Andrés Bernáldez, el cura de Los Palacios

Por lo que, podemos decir que si el mismo Cristóbal Colón fue uno de los personajes ilustres que pasaron por aquí, lógicamente no sería el único; si no que, serían muchos los que pasarían y transitarían no solamente por Utrera o por el río Guadalquivir, si no por lo que hoy en día es nuestra localidad: Los Palacios y Villafranca.

Villafranca de la Marisma (1501)

Con el propósito de frenar el crecimiento de Los Palacios, el Ayuntamiento de Sevilla decidió establecer una villa que contrarrestase los intereses económicos y políticos del Señorío de Arcos. En el año 1501, la corporación municipal hispalense promovió la creación de una nueva villa mediante la atracción de ciertos beneficios para quienes viniesen a poblarla.

Chozas

Para ello, el Ayuntamiento de la capital hizo pública una Carta de poblamiento que anunciaba la concesión gratuita para cada familia de una vivienda, así como su correspondiente finca agrícola plantada de vides. Entre los privilegios figuraban también exenciones económicas, quedando libres y exentos sus habitantes de tener que pagar los tributos e impuestos de entonces, durante 20 años.

El caserío de Villafranca de la Marisma se trazó originariamente a partir de los ejes proyectados por las actuales Plaza de España y Real de Villafranca, principal arteria del lugar en donde se hallaba ubicada las casas consistoriales de Villafranca. El Ayuntamiento de Sevilla extrajo del término de Utrera la mayor extensión territorial para conformar la jurisdicción de esta nueva población de Villafranca de la Marisma, como espacio rústico para sus vecinos. Igualmente incorporó además ciertos terrenos tanto de Dos Hermanas como de Alcalá de Guadaira. Recordemos que Los Palacios careció siempre de campos al quedar reducido su término a las casas de su propio núcleo urbano (conformado por unas cuantas calles apiñadas en torno a la Parroquia de Santa María la Blanca).

Villafranca Libre

Al iniciarse la tercera década del siglo XVII, el lamentable estado económico en el que se encontraba España llevó al monarca Felipe IV a enajenar numerosas villas para poder reoxigenar la bancarrota del país. Este es el contexto socio-económico en el que el Duque de Arcos, Señor de Los Palacios, intuyó la posibilidad de anexionar Villafranca de la Marisma a Los Palacios y ganar así el término municipal que atesoraba Villafranca (fértiles campos que producían abundantes cultivos). El 2 de julio de 1631, el Estado otorgó la propiedad de Villafranca de la Marisma al Duque de Arcos, con todos sus vecinos y campos anexos.

Cuando los vecinos conocieron la noticia se movilizaron con el propósito de que no llegase a materializarse oficialmente la posesión de la villa por la casa de Arcos. Una comisión vecinal solicitó al Real Concejo de Hacienda la devolución y, tras un largo proceso de tramitación, se retrotrajo la propiedad. Finalmente, Villafranca se convirtió entonces en una villa de realengo gracias a la implicación de sus vecinos. Aquel largo proceso de «tanteo» culminó con la resolución real suscrita por el propio Felipe IV en favor de Villafranca, expresada al tenor siguiente:

Su Majestad, como rey y señor natural de estos reinos, hace merced a la villa de Villafranca de la Marisma, a título de venta, de eximirla y apartarla de la ciudad de Sevilla y su jurisdicción haciéndola villa de por sí y para siempre jamás

Este valiosísimo documento, fechado el día 11 de Junio de 1644, junto a otros extensos expedientes generados en este proceso forma parte del popular «Libro Becerro», que se conserva en el Archivo Municipal en un excelente estado de conservación pese al enorme incendio que sufrió el mencionado Archivo el 5 de septiembre de 2013

Villas Enfrentadas

Vista desde la Calle Real

Durante la primera mitad del siglo XVII, ocurrieron hechos de tanta importancia que cambiaron totalmente las relaciones de convivencia entre Los Palacios de la Atalayuela y Villafranca de la Marisma.

Los Palacios había tenido siempre mayor importancia, principalmente por dos razones:

  • Los Palacios era un Señorío de los Duques de Arcos, familia que tenía muy buenas relaciones con los Reyes Católicos y, además, habían mantenido en el recinto del castillo un gran número de soldados que participaron en las guerras para la conquista de Granada.
  • Cuando se construye la Iglesia de Santa María la Blanca se constituye en ella la única parroquia que, aunque atendía a los fieles de los dos pueblos, era sin embargo la parroquia de Los Palacios.

Estas dos razones motivaron que los palaciegos mirasen a los de Villafranca con cierto aire de superioridad ya que, según ellos, sus vecinos los villafranqueses no formaban más que una aldea olvidada y pequeña.

Pero todo empeoró en la segunda mitad del siglo XVII; ya que, a las diferencias que ya existían se les sumó el cambio de situación de Villafranca.

Hecho que dejó incrédulos a los palaciegos, a los que les parecía increíble que aquella aldea vecina alcanzase, de buenas a primeras, la categoría de Villa con jurisdicción propia, mientras que ellos permanecían dependiendo y siendo vasallos del Duque de Arcos. Y fue a partir de ese momento, cuando los vecinos de Los Palacios tuvieron que soportar las burlas de los villafranqueses.

A lo largo del tiempo, ni por una ni por otra parte se intentó poner remedio y la situación llegó a hacerse insostenible.

De este modo lo que se hacía es que, ambas villas estaban separadas por un arroyo (El Arroyo de la Raya) y existía un puente de piedra que unía un lado y otro; en el centro de dicho puente había una gran cruz de piedra y, al pie de la misma, una “raya” que separaba los términos de los dos pueblos. Así que, cuando surgía algún pleito o problema entre los vecinos de uno y otro lado del arroyo, se reunían sobre el puente las justicias de las dos partes y juzgaban el caso. Llegados a un acuerdo, cada cual volvía a su pueblo y el culpable era castigado por la justicia de su villa, sin intervenir jamás la otra parte.

Se Estrechan Lazos

El siglo XVIII trae nuevos aires de convivencia para los dos pueblos.

Por un lado, Villafranca se va convirtiendo, cada vez más, en el principal núcleo de población; mientras que a estructura urbana de Los Palacios dificulta su crecimiento. Y por otro, los habitantes de uno y otro lugar han ido mejorando sus relaciones, debido a que se producen muchos enlaces entre personas de los ambos pueblos.

Así, poco a poco la antigua enemistad se va convirtiendo en fraternal convivencia y amistad entre una población que, sumados los dos pueblos, rondaría ya los 4.500 habitantes y que, como es lógico, cada vez tenían más cosas en común.

En la segunda mitad de este siglo es cuando se comienza a sentar las bases para una futura unión entre las dos poblaciones; todo gracias a las actuaciones de diversos personajes, de una y otra parte, que van haciendo comprender a todo el vecindario que el futuro está en la “Unión” de ambos pueblos. De todas formas, el hermanamiento no llegaría hasta bien entrado el siglo XIX.

Fueron sucesivas las calamidades que azotaron a los dos pueblos (guerras, sequías, peste...); que además, se vieron acrecentadas por unos impuestos, cada vez más altos, que los respectivos Ayuntamientos eran incapaces de pagar.

Por este motivo, se fue comprendiendo que era absurdo que se encontraran los dos pueblos enfrentados, cuando ya las poblaciones eran una mezcla de vecinos de uno y otro lado. Y aún más, viendo lo caro que era mantener los dos ayuntamientos: lo que les obligaba a pagar el doble de impuestos, mientras que si fuesen sólo uno, pagarían la mitad.

Sin embargo, aunque planeara la idea de la “unión”, ésta no era posible mientras los Duques de Arcos conservasen su “Señorío” sobre Los Palacios.

Hecho que acabó en 1823, cuando se produjo en España la abolición del Régimen Señorial. A partir de entonces, dejaron de existir los Dueños y los Vasallos y, por fin en Los Palacios se nombró un Ayuntamiento formado por personas votadas y propuestas por sus vecinos.

Desde ese momento, Villafranca de la Marisma y Los Palacios de la Atalayuela estuvieron en igualdad de condiciones para constituir su “Unión”.

La Unión

Gracias al Real Decreto que en 1835 promulgó Isabel II, Reina regente de España en esos momentos, ambos pueblos iniciaron por separado los trámites pertinentes para su unión.

Este Real Decreto decía:

“Los pueblos que, en atención a su corto vecindario, a la estrechez de su territorio o a la penuria de sus fondos comunes, creyesen conveniente a sus intereses unirse a otro pueblo limítrofe para formar un solo Ayuntamiento, lo solicitarán al Gobierno Civil que elevará informe al Ministerio del Interior, para resolución de la Soberana”.

Así, en cada población se celebró un Consejo Abierto con la participación de todos y cada uno de los vecinos y, después, se realizó una petición conjunta, en la que se solicitaba que fuese concedida la “Unión” de los dos pueblos en un sólo Ayuntamiento.

Esta petición fue aceptada por la Reina, que autorizó: “…la Unión de Villafranca de la Marisma y Los Palacios en un único pueblo que, desde entonces, se ha de llamar Villafranca y Los Palacios”.

El Escudo

El blasón municipal de Los Palacios y Villafranca se fracciona en tres campos horizontales. El superior acoge un ejemplar de ganado vacuno que simboliza la riqueza ganadera de todo su término; el central recrea la unión de ambos pueblos, mediante el apretón de manos de un representante de cada pueblo (Villafranca y Los Palacios), en torno al olivar y la vid como productos agrícolas realmente emblemáticos de la zona; en la franja inferior figura inscrita la leyenda "La Unión".

Queda rematado por una corona ducal en clara alusión a la vinculación de la casa ducal de Arcos con la antigua villa de Los Palacios. Fue diseñado con la partición de los campos, las figuras, representación cromática, esmaltado y timbrado actual por el artífice local Jaime Murube Sanz, quien lo confeccionó a requerimiento de la corporación municipal para presidir la sala capitular en 1947. Pero muy anteriormente llevó plasmada la representación de la unión mediante el abrazo fraterno de los dos representantes figurativos que aparecen en la escena. Y es que «Musanz» se inspiró en el blasón local que aparece editado en la Guía del Viajero del Ferrocarril (1864), en la que por error de interpretación los personajes centrales se estrechan las manos en lugar de darse un abrazo fraternal.

(*) Los símbolos oficiales del municipio se acogen a la Resolución editada por la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía con fecha 11 de diciembre de 2008 (B.O.J.A. número 257 de fecha 29-12-2008).

Actualidad

Los palacios en la actualidad

Los Palacios y Villafranca es ya un municipio único situado al sur de la provincia de Sevilla, al pie mismo de la carretera Nacional IV Madrid-Cádiz y a una distancia de 27 km de la capital.

Hay que decir que en el momento de su nacimiento como villa unida se denominó Villafranca y Los Palacios, pero con el tiempo se le invirtió el nombre quedando como “Los Palacios y Villafranca” (sobre todo desde 1940). Y aunque más tarde, se le empezó a denominar solamente con el nombre de “Los Palacios”; no fue hasta el 17 de diciembre de 1986, cuando mediante un Bando de la Alcaldía se proclamó el municipio oficialmente con el nombre de “Los Palacios y Villafranca”.

Los Palacios y Villafranca es hoy una localidad de 38.000 habitantes, situada en el sector septentrional de la comarca del Bajo Guadalquivir, en una zona regada por los brazos del delta del Guadalquivir.

La superficie del término municipal es de 10.960 Has. y la población principal ocupa el centro aproximado de esta superficie, a la que hay que sumar tres núcleos de menor entidad, surgidas por la colonización de las marismas: las pedanías de Chapatales, Maribáñez y el Trobal.

Hay que decir, que el término lo integran tierras de regadío, donde se diferencian dos zonas: las marismas y la campiña.